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Echando la vista atrás

Lo de los comienzos es algo complejo. Hay a quienes les encanta esa sensación en la boca del estómago, que bien puede ser pura emoción o puro pánico. La sentimos durante nuestra infancia el primer día de clase, cuando crecemos y nos incorporamos a esa oficina que parece tener más metros de los que posee, e incluso cuando nos lanzamos a vivir nuestro primer gran viaje para conocer mundo.

Para nosotros todo empezó ahí, en ese pequeño edificio esquinado en plena marabunta madrileña. Después vinieron nuevos comienzos en forma de anillos de compromiso, sonajeros y adopciones caninas. Y es que el tiempo pasa, las fachadas se pintan, los picaportes se cambian y las calles se hacen peatonales. Pero esa sensación en el estómago no desaparece nunca y nos hace sentir que no nos quedamos atrapados en un filtro retro.